Por Candelaria Rettaroli. Argentina


El 12 de agosto la plataforma de Netflix lanzó la miniserie jordana: “Al-Rawabi Escuela Para Chicas (مدرسة الروابي للبنات)” producida por Shirim Kamal y Tima Shomali. La serie cuenta los dramas adolescentes que suceden dentro de una prestigiosa y estricta escuela, donde las protagonistas se ven involucradas en eventos fuertes y complicados de bullying, violencia, acoso, difamación y venganza.
Desde un principio la serie se nos muestra como una versión árabe del clásico del cine adolescente occidental “Mean Girls”, donde encontramos al grupo de tres chicas populares compuesto por Lyan, Rania y Ruqayya, (nombres de los personajes), que disfrutan pasar sus días en el colegio avergonzando y maltratando al resto de sus compañeras, las cuales continúan admirándolas debido a su estatus social, el miedo y fascinación que inspiran.
Por otro lado, la serie presenta como personaje principal a Mariam, una joven jordana cuyo personaje vemos evolucionar a lo largo de la serie, pasando de ser la estudiante aplicada y vulnerable frente a las otras estudiantes, quien gana la empatía del público, debido al constante acoso que sufre, para finalmente convertirse en una inteligentísima y vengativa antagonista.

El punto de inflexión del personaje aparece en el primer capítulo donde ésta se convierte en víctima de un ataque violento -del cual sale gravemente herida- perpetrado por sus compañeras enemigas, Layan, Rania y Ruqqaya, quienes quedan impunes debido a su entorno de poder e influencia. Así, Mariam, consumida por sentimientos de odio e ira, decide idear un plan de venganza que acabe con el reinado de sus agresoras, decidiendo que destruirá paso a paso a cada una de ellas, incluida a la intransigente directora que encubre y perdona injustamente las faltas de las tres chicas. Para la ejecución de este plan Mariam va a contar con el apoyo de su mejor amiga Dina y de Noaf, la alumna nueva y misteriosa que se convertirá no solo en su aliada sino en su amiga.
A partir de este momento la serie se desarrollará en torno a los entramados de venganza y amistad, donde se puede descubrir que nadie es del todo bueno o del todo malo, cuestionando así las figuras de villana, víctima o heroína. En este sentido, la serie da un gran acierto al mostrar facetas complejas de los personajes, quienes provienen de difíciles -hasta incluso violentos- contextos familiares e historias personales que se pueden comprender como causal de las actitudes y comportamientos controversiales, sin ser por ello justificados.
Asimismo, no hay que perder de vista la perspectiva árabe que las directoras buscaban presentar con esta serie. Es así como en “Al Rawabi Escuela para Chicas” se puede evidenciar la influencia de la globalización, donde adolescentes jordanas, alejadas geográficamente del mundo occidenta,l recurren, sin embargo, constantemente a eufemismos y expresiones estadounidenses, como también al consumo de series, música y artistas norteamericanos como Games of Thrones y Drake. Esto no quiere decir que sea una imitación del contemporáneo “american way of life” ya que en realidad la serie a cuenta de una realidad única, producto de la mixtura de diferentes culturas, que nos da un resultado del todo nuevo. El mundo árabe absorbe partes del mundo occidental y lo transforma en algo propio y diferente. Así, se introducen también elementos culturales propiamente árabes que contrastan a la perfección, entre ellos el gran soundtrack que se encuentra disponible en la plataforma de Spotify. Podemos adentrarnos en el campo de la música pop indie regional con canciones como: “Ella Enta” de la cantante libanesa Dana Hourani; “Emta Njawzak Yamma” del grupo de hip hop palestino DAM y “Ghir Enta” de la más conocida cantante algerina Souad Massi.

Por otro lado, las directoras logran transmitir con su trabajo, a través de una perspectiva feminista, las problemáticas que deben atravesar en su sociedad las adolescentes jordanas, a partir de distintas escenas de la serie. Una de ellas puede ser cuando se divulga la foto de Ruqayya sin hijab. En esta escena se logra percibir cómo se plantean diferentes actitudes y postulados misóginos y conservadores. Por ejemplo cuando la misma madre de Ruqayya le dice enojada a su hija: “Una chica solo tiene su reputación, Es como el cristal. Si se rompe no puede repararse” procediendo a decirle que es una vergüenza para la familia. Así también cuando su profesora Abeer justifica la actitud de los padres al prohibirle a Ruqayya volver al colegio o ver a sus compañeras: “Ahora saben que pasa cuando una chica olvida sus valores”. Otra escena que deja al descubierto el lado misógino de la sociedad jordana es aquella del cuarto capítulo cuando un hombre de avanzada edad acosa a Noaf en la piscina de un hotel, mientras ella se encontraba sola y la profesora Abeer resuelve decirle únicamente: “Bueno, ¿puedes culparlo? Dan vueltas mostrando tanta piel, ¿Qué esperan? “
Sin lugar a dudas, es una serie que capta la atención presentando una historia dinámica, aunque un poco fuerte al representar de una manera cruda lo dañino que resulta el bullying en los colegios, dejando ver cómo este fenómeno impacta en las víctimas de manera profunda y dolorosa generando serios problemas psicológicos y emocionales. Al mismo tiempo es una serie liviana, de únicamente 6 capítulos pero que contiene una gran historia llena de drama y que invita a la reproducción de un capitulo tras otros sin esperar.
Sin dudas que esta mini serie es una gran apuesta para acercar al mundo árabe, que muchas veces resulta tan distante, a un amplio y variado público, desde una plataforma de alcance masivo como Netflix, dándole al mismo tiempo mayor representación y visibilidad a una realidad tan frecuente en Oriente y Occidente como lo es el bullying entre los adolescentes.