Por: Cristina Cardeño Gama. Republicación.

Este 2021 se cumplen 10 años de las revueltas que lograron derrocar a algunos de los dictadores y mandatarios de una parte del mundo árabe. Hasta el día de hoy, muchas de las secuelas de aquellas revueltas son palpables y visibles en parte de la región árabe-musulmana. Como ejemplos están Siria, Argelia, Yemen o Túnez. En este último los jóvenes, una vez más, comienzan a avivar la revolución en su país como la de 2011, con la que lograron expulsar al dictador Zine el Abidine Ben Alí, así como a Muamar Al-Gadafi en Libia.
¿Qué se ha logrado en estos diez años después de las revueltas?, ¿Qué esperanzas existen para el país norafricano?, ¿Cuál es el rol de los jóvenes en la reconstrucción de su país?
El 14 de enero del año que inició, exactamente cumpliéndose diez años de las revueltas árabes que iniciaron en Túnez con la inmolación del vendedor ambulante Muhammed Bouazizi, los jóvenes activistas- estudiantes, aficionados de fútbol- han tomado las calles de la capital tunecina muy a pesar de la pandemia de Covid-19 para protestar contra un conglomerado de situaciones que han cansado a la población, y más en específico a los jóvenes, que son al mismo tiempo aquellos que en el 2011 vivieron como parte de su adolescencia la llamada “Primavera Árabe”. En esta ocasión, la brutalidad y represión policiaca, la corrupción latente, la falta de oportunidades y los créditos ofrecidos por parte del Fondo Monetario Internacional que han mantenido a flote ficticiamente a Túnez, son lo que han sacado a las calles a la población joven del país. Se podría decir que existe un sentimiento generalizado de que la revolución ha fallado.
Sin embargo, aún se avista una salida para los ciudadanos tunecinos. Si bien no lo es para una gran parte de la población que ha perdido toda esperanza en su Estado, gobierno e incluso asociaciones civiles, el hecho de que centenares de personas hayan decidido salir a protestar de nueva cuenta indica que aún se cree que las protestas son legítimas y funcionales. En efecto, las protestas son contra el sistema que se ha perpetuado en la historia del país que por más que cambien de nombre los cargos a Jefes de Estado o de Gobierno, los escenarios superpuestos en los suburbios de la capital que han creado los mismos a la cabeza del Estado es porque no han sido capaces de resolver el problema de fondo, y en consecuencia, profundizando la desigualdad de la sociedad. La severidad policiaca con la que se ha intentado gobernar, y en este caso, dispersar a los manifestantes, es un reflejo de lo que se ha mantenido desde los tiempos de la dictadura de Ben Alí.
Los jóvenes que creen en la efectividad de la revolución, y la humillación constante con la que lidian por parte de las autoridades, sentimiento mejor conocido como “jogra” en árabe, son el motor de aquellos que se han atrevido a protestar aun conociendo las severas repercusiones a las que se pueden enfrentar. Queda estar al tanto del avance de la situación y comprobar si es posible que el mismo fenómeno del 2011 pueda emularse en este 2021.